Críticas a Punga

Aquí se encuentra reunida las críticas de este libro publicado por Ediciones La Calabaza del Diablo, a mediados del 2006.

Monday, July 30, 2007

De nuevo con Paniko

Gonzalo León, León Pascal, Héctor Figueroa e Ignacio Fritz son probablemente los escritores más reventados del mundillo literario chileno. Entre farras y rehabilitación sus zigzagueantes caminos se han topado. Esta es la historia. Borrosa, trasnochada y demente.

Monday, January 15, 2007

Recorrido punga

Escrito por Luis Valenzuela en www.sobrelibros.cl (14/01/2007):

Con posterioridad a un accidente vascular y a la rotura del frenillo en plena relación sexual con una prostituta, León conversa con un amigo y le cuenta los hechos; el amigo le responde: "Parece que, contra toda lógica, buscas temas para escribir. Eso, ya te lo he dicho, no es saludable". Saludable o no es parte de la escritura de Gonzalo León y del proceso que la acompaña, en ese caso al libro Pornografíapura (2004) y para este comentario a Punga (2006). A veces ficción, a veces verdad el escritor Gonzalo León (1968) crea un personaje, León, que hace escritura desde la experiencia tanto nimia de una borrachera o un encuentro con una vieja prostituta de la calle Esmeralda, como literaria a partir de encuentros con pares escritores o artistas. Gonzalo León crea a un León que se sitúa como protagonista del propio mundo que construye el autor.
Me interesa ese mundo y lo abordo. Me interesa comentar el último libro de Gonzalo León, Punga, porque desde hace algún tiempo que sigo sus libros. Antes debo comentar que lo conocí en el año 2001, cuando yo trabajaba en la revista Mercado negro y compartíamos un stand en la Feria del Libro con La calabaza del diablo. Gonzalo León merodeaba a este último grupo y lanzaba por el mismo sello su libro Orden y paria (2001) en el bar Galindo. Por esos años comenzaba mi transitar literario y lo que más me llamó la atención de su persona era que se definía como escritor -yo no lo podía hacer por ese entonces-, que se vanagloriaba de un pasado brillante en los cursos de redacción en Periodismo en la Universidad de Chile -no cuento con ese pasado cuando pasé por Letras-, que le gustaba Hemingway y los norteamericanos -por esos días no los leía aún-, que bebía en exceso -por esos días creía que debía hacerlo-, pero no cuando escribía -ya lo aprendí. León era un personaje literario que llamaba mi atención. Pasó el tiempo y no compartí más lugares con él. Haciendo algunos trabajos personales me empeciné en buscar material sobre escrituras que merodeaban el tema del porno en la narrativa chilena, por lo que llegué a Roberto Brodsky, a Roberto Bolaño y a Gonzalo León, con su Pornografíapura (2004). Ésta escritura, para desilusión mía, explotaba el nombre como propuesta de crónicas donde lo pornográfico radicaba en el acercamiento exacerbado a los temas, dejando un solo capítulo explícito sobre el porno: "Memoria porno". Así todo, sumaba mi segunda lectura de Gonzalo Léon sin que su lectura me mantuviera en vigilia toda una noche.
Este año León lanzó Punga, y en honor a los libros que ya había leído de él me acerqué a buscarlo a la editorial de La calabaza del diablo -mala costumbre de comentarista de libro. El editor de la Calabaza, Marcelo Montecinos, me comentaba que León había intentado sacar el libro por otra editorial, pero que no había tenido éxito, de hecho Germán Marín[1] le había dicho que no leía el diario, esto en clara referencia a las crónicas que León escribe para La nación domingo. Como sea, leo Punga y lo leo de un viaje. En el libro veo a León, a ese personaje literario que conocí de paso en el 2001. Claramente uno asocia al personaje León con el escritor Gonzalo León, no es una relación muy compleja, pero rápidamente se aprecia que detrás de su escritura hay un intento por crear una realidad, por escarbar en ella y despelotarla. Ficción o no ficción, no importa, Punga se configura como una mirada de la vida, de la sociedad a partir de historias nimias, sin que esto denote un juicio negativo. Punga de lo insignificante logra construir un mundo, edifica una mirada suspicaz y algo hastiada con lo que le rodea, mal que mal en varios pasajes del libro cita a John Kennedy Toole, creador del grotescamente insigne Ignatius Reilly. La cita no es azarosa. Pienso en León como un Ignatius chileno, eso sí sin vender salchichas, pero escribiendo sus quejas contra la humanidad en sus crónicas dominicales.
Hace unos días leía que para Nabokov "una obra de ficción existe solamente en tanto me provee lo que sin rodeos llamaré dicha estética". Para mí Punga tiene algo de eso, lo que desemboca en que se saborea, solaza y se lee rápido, con la salvedad que hace Bruno Vidal en la presentación del libro: "Leamos a León, pero no cometamos el error garrafal de hacerlo en un rato libre", ya que esa realidad algo esperpenténtica se acopla a la realidad sistemática, laboral y también esperpéntica de nuestra sociedad. Es que Punga, híbrido literario que busca ser crónica y/o cuento, es todoterreno y si un lector se entrega a su lectura se ve inmerso en un recorrido punga de un quisquilloso flaneur que lo llevará a comisarías, Pomaire, canchas de fútbol de barrio, playas nudistas, a la calle en busca de prostitutas, a encuentros literarios, al Congreso Nacional, a la Fundación Pinochet. Un recorrido punga en términos de configurarse como una búsqueda de la literatura en cualquier lugar, en la experiencia personal natural y provocada, real o inventada, no desde una mirada naturalista, sino punga. Con su escritura Gonzalo León sabe situarse en cualquier lugar, haciendo una especie de documental ficción a lo Michael Moore, escudriñando en las minucias de nuestro paisaje nacional, buscando una mirada y de soslayo haciendo una crítica, claro, desde un supuesto margen desde el que ha intentado ser un paria, hacer pornografía pura con su escritura y ser un sujeto punga: el que busca temas para escribir desde su experiencia.

[1] Al parecer Marín se caracteriza por estas respuestas. Carlos Labbé, editor de este sitio que ocupo, también fue víctima de sus juicios para su primera novela, juicios aderezados con una simpática carcajada burlesca.

Saturday, January 06, 2007

Evaluación del año literario

Escrito por Luis Riffo en el Mercurio de Valparaíso (28/12/2006):

Del año que se va siempre quedan algunas páginas inolvidables. Paul Auster y su novela "Brooklyn Follies" trajeron un respiro de tolerancia y resistencia desde el centro mismo de una paranoia agresiva que quiere inventar un mundo en blanco y negro, como una película del oeste que pretende reinstalar el estigma de los buenos y los malos a nivel planetario.
Las crónicas de Gonzalo León reunidas en "Punga" fueron el aire fresco de las novedades editoriales nacionales de este año, con su ironía certera y unos dardos que se clavan en el corazón del Chile profundo, ese que está a la vuelta de la esquina haciendo señas que nadie quiere ver.
Un hito doloroso fue la partida de Gonzalo Millán, después de varios meses en que el poeta enfrentó su enfermedad sin aspavientos, prosiguiendo su diálogo con una muerte ahora más real que nunca, pero con la que siempre conversó desde sus primeros poemas. Hay en su poesía un afán que juega con el deseo de desaparecer detrás de sus palabras, pero con ese mismo gesto fue capaz de dibujar con una lucidez implacable los detalles de una experiencia personal que ha terminado convirtiéndose en nuestro más fiel espejo. Ahí están el alfa y el omega de una vida que buscaba develar su rostro oculto: "Relación personal" y "Autorretrato de memoria".

Monday, October 23, 2006

Gonzalo León rescata sus mejores crónicas

Aparecido en www.capitalcultural.cl (12/10/2006)

Gonzalo León es de esos columnistas que a algunos puede perecerles “fuerte”, por decirlo de alguna manera, lo que escribe. Para ser más certero, “punga”. La sección A Sangre Fría de La Nación Domingo ha sido la trinchera desde donde este Capote criollo ha mostrado su rasurada lengua. Hace poco, rescató desde allí sus mejores vivencias para apilarlas en su nuevo libro llamado justamente “Punga”.
Un paseo por la Legua, la historia de una amiga que va a abortar a su casa, León probando viagra para luego pasar una noche con prostitutas de la tercera edad y un deslenguado paseo por el Parlamento que le trajo un mes de suspensión en el diario, son algunas de estas entretenidas historias que cada domingo este cronista entrega a sus seguidores, junto a las infaltables fotografías del experimentado Álvaro Hoppe.
Algo de las vivencias del viejo Charles Bukowsky recuerda León, quien bajo Ediciones Independientes La Calabaza del Diablo lanza su tercer libro luego de "Orden y Paria" y "Pornografíapura".

Thursday, September 14, 2006

Mi crisis de paniko.cl




Escrito por Antonio Díaz

Conocí a Gonzalo León hace un año más o menos. Esa tarde íbamos caminando por un parque hacia La Perrera. Iba a ser la primera sesión de un taller literario en Balmaceda 1215. ¿La misión? Escribir una crónica sobre el primo dark de Longueira quien iba a sacarle sangre con sida al ex dealer de Spiniak para pintar un cuadro. Sí, lindo, muy lindo.
La actividad salió bien, salvo por una compañera del taller que se desmayó al ver sangre; cada alumno leyó la clase siguiente su crónica y León escribió para la LND sobre el episodio. Leí el relato y me reí bastante, pero también llegué a la conclusión de que León debería ser catalogado como el creador de las pungacrónicas. Porque la palabra punga describía bastante bien sus crónicas. Algo que se vendría a confirmar una año después cuando León sacó justamente Punga (editorial Calabaza del diablo), donde reúne sus mejores crónicas publicadas en la sección A sangre fría de La Nación Domingo. Desde un paseo por la Legua; la historia de una amiga que va a abortar a su casa; León probando viagra para luego pasar una noche con prostitutas de la tercera edad; y un deslenguado paseo por el Parlamento que le trajo un mes de suspensión en el diario.
Eso bastaría para pensar que León es el "Daniel el travieso" de las crónicas nacionales, aunque pecaría de impreciso. De hecho, visita a su madre con frecuencia y se ha "domesticado" desde que anda con su chica trotskista-bisexual-deportista. Y tal como sale mencionado en Punga: "como su madre siempre quiso, ya no se masturba".
Todo un logro.
Cambio de escena:
Jueves. Afuera llueve. Estamos en el café de Balmaceda 1215. León engulle un sándwich de queso caliente que alterna con sorbos a un té y me mira a través de sus gruesos lentes tipo poto de botella. Comienza la ronda de preguntas.
- ¿Qué me puedes contar de León, el personaje que ocupas en tus crónicas?
Salió el 2001 en un libro que se llama Orden y Paria (Calabaza del diablo). Era una novela trabajada en base a episodios. Y ahí hay un narrador que se hace llamar León.
Igual lo había ocupado en una crónica años atrás, creo. Antes tenía un sobrenombre: Alejandro Soria, como por miedo. Ocupaba nombres de los detenidos desaparecidos.
- Pero el personaje León es como Henry Chinaski para Bukowski...
No. A mí me interesó Bukowski en un inició. Pero Bukowski ocupa un alter ego y yo no uso un alter ego. Yo uso una construcción literaria de Gonzalo León. La podría asimilar a lo que hace Pedro Lemebel en sus crónicas. Si solamente haces un análisis de cómo se llama él -la persona-, Pedro Mardones Lemebel; el escritor, se llama Pedro Lemebel o sea más corto; y el compadre que le pasan todas las cosas le dicen nada más que Pedro.
En mi caso hay muy poco de Gonzalo León, me dicen León. Esa persona es una construcción porque es deliberado. Uno le presta a ese personaje el nombre. No al revés. Yo le presto el nombre a este León y él es más desubicado, despistado, mucho más sórdido que la persona.
- ¿Qué significa la calle para Gonzalo León? Porque ahí ocurren todas sus historias…
En un principio fue algo negativo, porque a mí me atropelló en la calle un taxi cuando era chico. En esa época, post-Golpe, para mí la calle es el pasaje dónde vivía. En Viña. Me pasaba a buscar una liebre. Eso era mi calle, mi realidad.
Pero en la calle uno ve historias. Hay que saber determinar cuándo hay una buena historia y cuándo no. En el sentido de que más que la cultura urbana, es la gente que vive lo que me importa.
Y ahí hay una diferencia entre esta crónica más tradicionalista en Chile. Como para Roberto Merino que lo importante es la historia de la calle. Que por esta calle transito esta persona.
- O como Joaquín Edwards Bello...
Claro ahí hablan de lo que pasó, haciendo historia urbana. Pero a mí me interesa cachar lo que está pasando ahora.
- Mi vieja da por sentado de que todo lo que escribes en A Sangre Fría es verdad. Por ejemplo, hay una crónica en que sale que tomas cervezas con Alejandro Zambra, pero una vez me contaste que nunca estuviste con él.
Lo que me interesa es el punto de vista de la crónica. La crónica es un pretexto ideal para decir cosas. Para empezarte a posicionar.
- Como Lemebel, volviendo al ejemplo.
Ajá. Mucha gente está pendiente de lo que escribo. Sólo porque sale en un medio. Onda: con qué va a salir ahora este tipo.
Cuando digo que estuve con Zambra y es mentira, en el fondo es contestarle algo que me había dicho y que se me quedó atragantado. Y él me mandó a decir un recado con otra persona. Y yo le dije algo así como: "Zambra me llevó a la alta cultura, yo lo voy a llevar a la baja cultura".
- Mmmm, demás. En tus crónicas siempre hay un hincapié en el sexo y con algunos temas medio tabú para Chile.
Lo que pasa es que acá la gente nunca habla de sexo. Como que es para tenerlo en su espacio privado y que si se cuenta es de mal gusto.
- Como Chile es un país muy pacato en ese sentido...
Sí. Por ejemplo, hay gente que lee mi libro y ven las partes en que hay sexo y me preguntan: ¡cómo cresta La Nación publicó esto en su tiempo!
Cuidado: León suelto
Hace poco menos de un año Gonzalo León salió en la Revista de Libros del Mercurio. Era una nota corta y salía que era el Nicolás López de la narrativa chilena (lo que sea que eso signifique). Pensándolo bien, León es como Perrosky para la narrativa nacional: un tipo piola que se para en la escena, mira todo lo que pasa, anota en su libreta y, luego, llega a su casa donde traspasa todo y lo convierte en una crónica. El resto del tiempo se lo pasa entre su chica y un curso de crónica que imparte en Balmaceda 1215. Ahí hace a sus alumnos leer desde Retratos de Truman Capote, El Crack Up de F.Scott Fitzgerald y Hanif Kureishi a quien León pone como el autor de uno de sus cinco mejores libros.
"De Hanif Kureishi me gusta más Soñar y Contar, una suerte de ensayo", dice.
- Pero eso es más una autobiografía que crónicas juntas...
Cuando uno trabaja con la crónica al reunirla en un formato más grande, ese se puede transformar en una autobiografía. Si es que se cumple con los requisitos de la crónica que es que el protagonista sea la misma persona que lo cuenta. Por eso hay una diferencia de la crónica tradicionalista que se hace en Chile. Como: Merino, Edwards Bello, incluso Rafael Gumucio.
Y me parece que Lemebel sigue siendo un buen ejemplo, tipo "mi personaje es la loca, comunista, pobre". O sea yo soy mi narrador y mi protagonista y por eso que resultó tan fuerte el posicionamiento de Lemebel. Me identifico más con ese posicionamiento que con el de Merino que habla de Rodrigo Lira o que habla de tal persona.
- Varias veces mencionas La Conjura de los Necios de John Kennedy Toole, ¿Qué tanto te influenció?
La Conjura me sirvió para darme cuenta de que cuando uno cuenta cosas trágicas de uno. Simplemente hay humor. Puede haber más humor, delirio que cuando uno deliberadamente intenta ser gracioso. Yo antes forzaba para que fuera cómico. Lo más cómico puede ser una tragedia. Lo importa es cómo lo narras. Yo pensaba en una época que las cosas graciosas pueden ser graciosas. Las trágicas no pueden ser graciosas.
- Hablando de necios y conjuras, ¿Qué te parece el movimiento literario en Chile?
Hay como un ansia por ganar. De ver la literatura como una carrera. Como Los Autos Locos, ese dibujo animado. Entrega una señal refuerte que es que el que va con malas ganas puede que punteé la carrera pero no va a ganar. Me sorprende que la literatura sea una carrera de largo aliento. Pero hay gente que inventa huevás para cagarse a otras personas.
- Retomando lo de las cosas penosas que son cómicas, como el Premio Nacional de Literatura…
El premio nacional es una pelea de viejos. Con chistes viejos y técnicas muy viejas. Es premio y como todo premio es político.
- Al final es puro lobby.
Claro, lo va a decidir la autoridad de turno que es el Ministerio de Educación y listo. Como te dije, al final, es un premio político... Una lata, pero así es la huevá.

Gónzalo León Ha publicado "Orden y Paria", "Pornografíapura" y "Punga", recientemente por Ediciones La Calabaza del Diablo. Actualmente escribe crónicas en el diario La Nación Domingo. "Punga" se encuentra en todos los locales de Feria Chilena del Libro, Metales Pesados, Takk, Qué Leo, Nueva Altamira y Crisis de Valparaíso.

La entrevista se encuentra publicada en www.paniko.cl

Saturday, August 19, 2006

El león por fin ha rugido


Escrito por Roberto Fuentes en la Revista de Libros de El Mercurio Miente (18/08/2006)

León, el autor, ha escrito su mejor libro hasta la fecha. León, el personaje protagonista de estas crónicas, no estaría orgulloso de ello, pues piensa que la crónica es un género indigno de cualquier persona que se autodenomine como escritor. Se ha dicho del autor que su prosa es sucia, repleta de errores y con escasa sutileza. De este libro también se puede decir que es un texto sucio, pero sólo debido a la atmósfera de marginalidad que envuelve cada historia. La prosa ha mejorado mucho. También existe un avance en el tratamiento de los personajes y en la estructura dramática.
Varias de sus crónicas pueden ser calificadas simplemente como excelentes cuentos. En 'Se vende', nuestro antihéroe recorre la capital en busca de trabajo. Es rechazado para un puesto de ventas telefónicas y tampoco es aceptado como peluquero estilista; en cambio, es tentado por medio millón mensual para prostituirse: sus potenciales clientes son hombres de la tercera edad. Es un relato oscuro, con imágenes que provocan náuseas, pero que al mismo tiempo emocionan. "Tirando pa Colina" es otro de los trabajos bien logrados. Un taller literario dentro de una cárcel se transforma en un delirante encuentro de personajes donde no se sabe quién está atrapado o no.
El libro, eso sí, es irregular. Muchas de las crónicas son prescindibles debido a que no le interesan más que a León, al autor, y a sus amigos. Otras tantas poseen finales demasiado abruptos.
A pesar de todo, Punga es un texto hilarante y que desborda honestidad.

Realidad y literatura

Escrito por Luis Riffo en El Mercurio de Valparaíso (11/08/2006)

Este Gonzalo León es el mismo que publica todas las semanas en La Nación y este libro contiene una recopilación de algunas de sus crónicas. En ellas el autor ha logrado que el escritor prevalezca por sobre el periodista, sin restarle valor documental a cada una de sus historias. El resultado es un volumen de relatos en los que el protagonista, el omnipresente Gonzalo León, se interna en los rincones más sórdidos, más pintorescos y más absurdos de nuestro país. Y eso de internarse es literal, porque la estrategia del escritor periodista es involucrarse sin reservas en las experiencias decadentes, patéticas y siempre divertidas que se propone investigar. Es un cronista que trasciende la función del testigo, del observador pasivo, para convertirse él mismo en objeto de su investigación interactuando con la realidad. Nada de pretendida objetividad ni reportes graves y edificantes al estilo de “Contacto” o “Informe Especial”. La idea es vivir el vértigo para contarlo y el personaje León, a pesar de sus graciosos lamentos, parece disfrutar de sus viajes a esos pequeños infiernos que habitan en los lugares más insospechados. O, mejor dicho, en los lugares por todos conocidos pero de los que nadie quiere hablar.Las prostitutas viejas que se ofrecen en el centro de Santiago, el tráfico de drogas en la población La Legua, un taller literario en el violento ambiente de la cárcel de Colina, un partido de fútbol de barrio contaminado por una corrupción a menor escala, experimentación con fármacos de estimulación sexual y técnicas alternativas para provocar un aborto, una playa nudista con una ambigua vocación homofóbica, las curiosas alternativas laborales que se le pueden presentar a un cesante ilustrado que reparte sin éxito su currículum, locales nocturnos de Santiago y Chillán vividos hasta las últimas consecuencias, una visita llena de impertinencias al Congreso Nacional, un accidentado (y ridiculizado) encuentro feminista en Olmué, un paseo por las tierras originarias del papa Juan Pablo segundo realizado en las cercanías de San Fernando. Realidades diversas que convergen en la experiencia y la mirada de este punga por encargo que se propone o acepta (a medio camino de la complacencia y el instinto de supervivencia) infiltrarse en el lado oculto del noticiario, en la escabrosa bitácora de seres humanos que viven la degradación o el absurdo como rutina cotidiana.
El estilo desenfadado, irónico y pesimista de estas crónicas recuerdan en cierto modo a los Escritos de un viejo indecente de Bukowski y la actitud del personaje León no se aleja mucho de la imagen decadente y autodestructiva de Henry Chinaski, salvo por el vínculo laboral con el diario, que parece desempeñar el rol de un hilo gracias al cual puede entrar y salir de los tortuosos laberintos.
Realidad y literatura entrecruzadas, confundidas, convertidas en parodias recíprocas que dejan en el aire una sensación de irrealidad que, sin embargo, las hace poderosamente verosímiles. Pero detrás de la risa, o con ella, se desliza una visión de la vida, del país en que vivimos, en lo que nos estamos convirtiendo. Hay dos citas en este libro que parecen definir su propósito, una de Lihn y la otra de Ramón Griffero: “La realidad es el único libro que nos hace sufrir” y “El arte y la literatura son los últimos reductos de libertad que nos van quedando”.

La pulga en la oreja

Escrito por Ramón Díaz Eterovic en la Revista Punto Final (14/07/2006)

La crónica es un género que ha tenido una destacada expresión en los últimos años. Tal vez sea la necesidad de conocernos más a fondo o la desconfianza que merece la historia oficial lo que ha impulsado a una serie de autores a incursionar en esta escritura que tiene la inmediatez que impone el periodismo y la chispa de la buena literatura que, en un par de pinceladas, desnuda el alma de lo que somos o creemos ser. Hay están las crónicas de Pedro Lemebel, Roberto Merino, Francisco Mouat o las de Alvaro Bisama, junto a la de cronistas más avezados como Jorge Edwards y Enrique Lafourcade, y las siempre oportunas reediciones de los escritos periodísticos de Joaquín Edwards Bello. Todos ellos, y algunos otros autores, con sus particularidades y acentos, están recogiendo los matices de un Chile profundo y muchas veces ignorado. A los citados, debemos agregar a Gonzalo León (1968) y sus crónicas, reunidas en el libro “Punga”, recientemente publicado por la editorial La Calabaza del Diablo, y que se suma a sus libros anteriores: “La ley del hielo”, “Orden y paria” y “Pornografíapura”.
Para escribir hay que vivir a concho parece ser la consigna que anima a León, en la medida que no es el clásico cronista que mira el ambiente o el personaje que se propone abordar y luego escribe desde la distancia de un testigo más o menos comprometido. León asume el punto de vista del protagonista, y en ocasiones podríamos decir de la víctima que se juega el pellejo para captar cada detalle de las situaciones que enfrenta. Un protagonista que vive lo que cuenta, asumiendo sus riesgos y dando de ese modo una cercanía muy especial a cada una de sus crónicas en la que no hay teorías ni imposturas, ni intención de hacer sociología a la rápida, sino que sinceros fragmentos de vida, que es lo que en definitiva salva a cualquier escritura del olvido.
León puede ser el testigo horrorizado de un intento de aborto, el reportero en medio de una pichanga de fútbol poblacional, el cliente que se la juega para conocer el calor de una puta en sus últimos trotes, el preso que conoce la cárcel y a sus habitantes desde dentro, el borrachito que bebe en un cochambroso bar de La Vega, el vendedor ambulante de chucherías navideñas, el torpe cliente de unas copetineras de provincia, y un largo etcétera de personajes que dan vida a sus crónicas de “Punga” y las hacen creíbles y atractivas. Crónicas publicadas en su momento en el diario La Nación y que ahora se pueden leer sin la prisa del periódico, con la calma que permite un libro y la posibilidad de apreciarlas en su conjunto, constatando la escritura de un autor que ha sido capaz de construir una mirada propia y nos entrega una bocanada de auténtica realidad en cada uno de sus textos.
El humor es un ingrediente básico en los escritos de León. Sin el humor, sin el personaje que él ha creado a partir de sí mismo, muchas de sus crónicas serían patéticas y sórdidas, como las situaciones que presenta en muchas de ellas. Pero el humor las redime. A modo de ejemplo, cuando en una de las crónicas el personaje León, en pelotas y solo provisto de sus zapatillas, se pasea por una playa nudista, es como el hombrecito de Chaplin que camina distraído por una trinchera o sale ileso de las situaciones más terribles gracias a su aparente inocencia y al humor con el que se desplaza por los acontecimientos. Este humor que viste al personaje León, hace que uno busque sus crónicas tanto por lo que nos quiere contar, como por ver en acción a su autor.
Gonzalo León es una pulga en la oreja que nos hace mirar de frente nuestra realidad. En su libro hay buena pluma y buenas historias. Hay personajes oscuros y tiernos. Hay, insisto, una mirada y un personaje. Está presente el lado oculto de Santiago y la cara más desamparada de la provincia. Hay mundos por los que a diario pasamos sin darnos cuenta de sus existencias. Está la otra cara de la luna, la covacha donde vive el jaguar chilensis, el rostro desamparado que no reflejan las estadísticas macroeconómicas, el país que nos pide una limosna en cada esquina. Otra cara de lo que somos y lo que en buena medida nos hace odiar y amar a nuestro país.
“Punga” es un rugido de Léon que espero se escuche con toda su potencia en medio de nuestra selva literaria.

Esto es un escándalo (extracto)

Escrito por Andrés Braiwhite en Las Últimas Noticias (09/07/2006)

Las crónicas de "Punga" demuestran que Gonzalo León efectivamente tiene pasta de reportero: el tipo se pasea como Pedro Lemebel por su casa por los topless, por la medialuna de Rancagua, por las inmediacionesde la casa de Pinochet e incluso por Cumpeo, y de todos aquellos lugares obtiene descripciones interesantes. El problemas es que, reunido todo este material en un solo volumen, el efecto no es similar al de leer sus partes en el contexto de un diario que, además de los mencionados artículos, trae una infinitud de otros artículos.

Gonzalo León, mi héroe

Escrito por Fernanda Donoso (07/07/2006) en el diario La Nación

Debería decir “Gonzalo León, mi héroe”, pero sería demasiado estilo León. En “Punga”, su último libro, no se detiene ni frente a un casting de Carlos Pinto. Aunque no lo contrataron de extra, ese día le ofrecieron un papel (un millón y medio de pesos mensuales) de activo o pasivo en un trabajito sexual. Como tiene orgullo, humor y pega, el cuero no le dio para tanto. Intentaba entrar a varios oficios chantas, incluso al de peluquero evangélico sin experiencia, sólo para escribir uno de sus reportajes de La Nación Domingo, que aparecen coleccionados aquí, en una secuela híper divertida.
León tiene un humor inclasificable de imitador de periodista avezado, de parodia de cronista de sucesos. Y una manera exacta de decir mi chofer, mi fotógrafo, mi chica trostkista (que al principio era mi chica bisexual). Como buen periodista local, sale a reportear la ordinaria realidad chilena, y aunque esté en la noche de las Chillán Ladies, o en una celda de la Capitán Yáber, logra parecerse a su admirado Kennedy Toole en “La conjura de los necios”.El mismo se retrata parecido: gordo, con lentes y dientes chuecos. También se parece al Gordo y al Flaco, y a otro periodista-escritor de cuidado: David Foster Wallace. Lo suyo es un talento con fenotipo. Como hablante lírico, León no vale nada, y escribe prosa porque como todo escritor intentó ser poeta. Ahora es notable ver lo que hace con lo que no hace: por ejemplo buscar a Pinochet en la calle Málaga, en La Dehesa, en su Fundación, en un viaje de una tarde en radiotaxi, del que se desliza con valor -hay que reconocerlo- para sostener con sus admiradores y sirvientes, los diálogos más suaves: “-Busco a Pinochet. El tipo sonríe. -No le puedo dar “esa” información. -En la otra entrada me dijeron que usted podía darme “esa” infomación”.
León se arriesga sin cruzar el río: desde la orilla, se ríe con ganas. Pelado a los lados y con un mechón sobre la frente, vestido con esfuerzo, después de todo, lo hizo: “Viajé desde Viña del Mar hasta el mítico Cumpeo. Estuve con políticos y prostitutas viejas, ¡escuchen bien!, sólo para probar un Viagra. Leí en un módulo de Colina 2, bajo la atenta mirada del peruano que asesinó y violó a unos chilenos en el norte. Caminé en procesión a Lo Vásquez durante diez horas”. “Y por sobre todo -sobregirándose- escribí literatura de urgencia”.

“PUNGA”
Gonzalo León
La Calabaza del Diablo
Santiago, Chile, 2006,
144 páginas

El punga de león

Escrito por Carmen Sepúlveda en La Nación Domingo (25/06/2006)

Esta es una de esas columnas que si la hubiese escrito el 2004 sería demoníaca, pero el tiempo tiene esa gracia: ayuda a superar los prejuicios, descubrir a las personas y a las buenas plumas cuando se es fanática de buscar textos provocativos. Mi editor, coordinador, grupo, quien me dirige o quien sea, me mandó a cubrir el lanzamiento de “Punga”, cuarto o quinto libro de Gonzalo León, y lo peor es que se adicionaba un elemento: los chicos del Arcis le harían una funa. Funa a León, qué horror, estaré ahí sin falta, me dije. Pero, ¿quién funa avisando que funa?¿Quién es este Gonzalo León?, se preguntarán quienes por primera vez lean este diario. León es un porteño de esos bien frenéticos que buscan sobrevivir de la escritura y cuenta la historia de que de tanto buscar encontró un día a alguien que lo escuchó. Ese alguien era editor de La Nación Domingo, también porteño. El puerto los unió y desde ahí este grandulón ganó tribuna. Mandaba sus textos semanalmente, se inventó una sección denominada “A sangre fría” y así se convirtió en nuestro Truman Capote que no sólo observaba, sino que vivía cada una de las historias. Entiendo-que-el-diario-tenía-que-vender. Hum.
Por mi parte les puedo decir que no sabía de León antes de leerlo, la primera vez fue con el cuento de las viejas putas de calle Esmeralda, un texto que paralizó mi sensibilidad. Fue ése el que me mostró a un hombre medio loco, medio marginal, niñito bien perdido, freak, bisexual, gay no asumido, híbrido, pero de maldito nada, por eso lo leí. Sin embargo, desde ese momento decidí no saludarlo más por el asco que me generó. Suficiente me era con Spiniak para agregarle más cosas feas a mi mate, pensaba en esos tiempos. Si el periodismo puede llegar a ser limpio, por qué mis compañeros se empeñan en hacer una mierda de todo esto; poco faltó para que regalaran en el periódico caca seca como abono natural. ¡Dios mío! Bueno, pero ahí estaba León con sus propuestas de temas.Créanme, cada vez que lo veía en pautas me lo imaginaba saboreando las encías de las viejas prostitutas y era cerdo, qué atroz, y ahora que lo recuerdo me vuelve a dar el asco. Porque una cosa es pagar por sexo, otra es tener mal gusto, pero otra cosa es el morbo. Mi morbo, su morbo, el morbo de todos, y yo no quería enfrentarme con eso.Con esas náuseas, un día lo vi sentado en la calle fuera de El Toro, dejé hasta de comer, incomprensible era el comportamiento de este personaje. ¿Por qué se sentaba en el suelo si podía estar comiendo mariscos bien sentado? Pero no, él estaba ahí y yo hacía como que no lo conocía. Otra instancia donde me lo topé fue en el cumpleaños de un periodista amigo, León llegó y, tate, se mandó el pastelazo: le agarró el culo a una de las periodistas invitadas. Todo mal. ¿Por qué lo hace?, era la eterna pregunta que me hacía sobre él. Hasta que un día, solos, en la mesa de la sala de reuniones, conversamos; él me dijo que no sabía qué hacer con una mujer que se le había instalado en casa; yo lo escuché y me interesé: este hombre sale con mujeres y tiene casa. Sí, pero ella es bisexual y trotskista, me respondió. Ya, no importa, le dije. ¿Qué harás? No sé, poh, me respondía con cara de complicado. Desde ese minuto creo que lo miré distinto. Este hombre siente. Es un niño, que se desnuda en la playa sin sacarse las zapatillas porque tenía un dedito de más. Ternura era él en completo. Desde ese minuto lo defendí siempre.Ahora, en el lanzamiento de “Punga”, se ve impecable. La presentación estuvo a cargo de Gonzalo Oyarzún, director de la Biblioteca de Santiago, y Ramón Díaz Eterovic. León necesita ir al baño. Okay, vaya al baño. Álvaro Hoppe, fotógrafo amigo, quiso ser uno más de los presentadores, se disfrazó en el escenario, habló rápido como viejita y condecoró a su partner hijo ilustre de Santiago. Oyarzún define lo que es ser punga: ordinario, picante, etc. Cuado lo dice, un grupo de jóvenes alternativos se incorpora en el auditorio, serán los del Arcis que vienen a funarlo, me pregunto. Me da nervio esta situación. Si le hacen algo a León, saltaré como pantera. Oyarzún continúa: a León se le descubre. ¿No güéi?, refuta el escritor-periodista. Y se toquetean ambos.
Ramón Díaz Eterovic pensó que el libro se titulaba pulga. Define a León como escribiente múltiple porque un día puede estar frente a una niña que está a punto de abortar, otro tomando Cialis y otro siendo una víctima. Todo es posible en él. Finalmente, León sin tartamudear dice que escribe a partir de una construcción, que es más exagerado en el papel. Que su vida no es tan power como muchos creerían. Le creo; en primero fila, una mujer lo mira con ternura, una de sus fans que hoy ama ver el lanzamiento de “Punga”. Es la trotskista, la que nunca más salió de su casa.