Críticas a Punga

Aquí se encuentra reunida las críticas de este libro publicado por Ediciones La Calabaza del Diablo, a mediados del 2006.

Saturday, August 19, 2006

La pulga en la oreja

Escrito por Ramón Díaz Eterovic en la Revista Punto Final (14/07/2006)

La crónica es un género que ha tenido una destacada expresión en los últimos años. Tal vez sea la necesidad de conocernos más a fondo o la desconfianza que merece la historia oficial lo que ha impulsado a una serie de autores a incursionar en esta escritura que tiene la inmediatez que impone el periodismo y la chispa de la buena literatura que, en un par de pinceladas, desnuda el alma de lo que somos o creemos ser. Hay están las crónicas de Pedro Lemebel, Roberto Merino, Francisco Mouat o las de Alvaro Bisama, junto a la de cronistas más avezados como Jorge Edwards y Enrique Lafourcade, y las siempre oportunas reediciones de los escritos periodísticos de Joaquín Edwards Bello. Todos ellos, y algunos otros autores, con sus particularidades y acentos, están recogiendo los matices de un Chile profundo y muchas veces ignorado. A los citados, debemos agregar a Gonzalo León (1968) y sus crónicas, reunidas en el libro “Punga”, recientemente publicado por la editorial La Calabaza del Diablo, y que se suma a sus libros anteriores: “La ley del hielo”, “Orden y paria” y “Pornografíapura”.
Para escribir hay que vivir a concho parece ser la consigna que anima a León, en la medida que no es el clásico cronista que mira el ambiente o el personaje que se propone abordar y luego escribe desde la distancia de un testigo más o menos comprometido. León asume el punto de vista del protagonista, y en ocasiones podríamos decir de la víctima que se juega el pellejo para captar cada detalle de las situaciones que enfrenta. Un protagonista que vive lo que cuenta, asumiendo sus riesgos y dando de ese modo una cercanía muy especial a cada una de sus crónicas en la que no hay teorías ni imposturas, ni intención de hacer sociología a la rápida, sino que sinceros fragmentos de vida, que es lo que en definitiva salva a cualquier escritura del olvido.
León puede ser el testigo horrorizado de un intento de aborto, el reportero en medio de una pichanga de fútbol poblacional, el cliente que se la juega para conocer el calor de una puta en sus últimos trotes, el preso que conoce la cárcel y a sus habitantes desde dentro, el borrachito que bebe en un cochambroso bar de La Vega, el vendedor ambulante de chucherías navideñas, el torpe cliente de unas copetineras de provincia, y un largo etcétera de personajes que dan vida a sus crónicas de “Punga” y las hacen creíbles y atractivas. Crónicas publicadas en su momento en el diario La Nación y que ahora se pueden leer sin la prisa del periódico, con la calma que permite un libro y la posibilidad de apreciarlas en su conjunto, constatando la escritura de un autor que ha sido capaz de construir una mirada propia y nos entrega una bocanada de auténtica realidad en cada uno de sus textos.
El humor es un ingrediente básico en los escritos de León. Sin el humor, sin el personaje que él ha creado a partir de sí mismo, muchas de sus crónicas serían patéticas y sórdidas, como las situaciones que presenta en muchas de ellas. Pero el humor las redime. A modo de ejemplo, cuando en una de las crónicas el personaje León, en pelotas y solo provisto de sus zapatillas, se pasea por una playa nudista, es como el hombrecito de Chaplin que camina distraído por una trinchera o sale ileso de las situaciones más terribles gracias a su aparente inocencia y al humor con el que se desplaza por los acontecimientos. Este humor que viste al personaje León, hace que uno busque sus crónicas tanto por lo que nos quiere contar, como por ver en acción a su autor.
Gonzalo León es una pulga en la oreja que nos hace mirar de frente nuestra realidad. En su libro hay buena pluma y buenas historias. Hay personajes oscuros y tiernos. Hay, insisto, una mirada y un personaje. Está presente el lado oculto de Santiago y la cara más desamparada de la provincia. Hay mundos por los que a diario pasamos sin darnos cuenta de sus existencias. Está la otra cara de la luna, la covacha donde vive el jaguar chilensis, el rostro desamparado que no reflejan las estadísticas macroeconómicas, el país que nos pide una limosna en cada esquina. Otra cara de lo que somos y lo que en buena medida nos hace odiar y amar a nuestro país.
“Punga” es un rugido de Léon que espero se escuche con toda su potencia en medio de nuestra selva literaria.

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